Aprendizaje directo vs aprendizaje basado en proyectos

Allá va un ejercicio de reflexión: ¿cuáles son, en mi opinión, las ventajas y los inconvenientes del aprendizaje directo y del aprendizaje basado en proyectos?

 

He de decir que es imposible abstraerse de la experiencia que vamos acumulando año tras año en el aula. En mi caso, mi comienzo en la docencia vino marcado por las vivencias que experimenté como estudiante. Inconscientemente (o quizás no tanto), traté de poner en práctica modelos educativos vividos en primera persona, pero desde una perspectiva de alumno. Adopté como referentes a profesores que me marcaron tanto educativa como personalmente y no sólo desde el punto de vista positivo; es evidente que los modelos negativos también están ahí y, al ser consciente de ellos, uno se esfuerza en evitarlos.


Tengo treinta y ocho años. Acabé la EGB en el año 90 y me licencié en Filología Inglesa en el año 2000. Después de residir un año en el Reino Unido comencé el Curso de Aptitud Pedagógica (CAP), que duró seis meses, periodo práctico incluido. Paralelamente comencé un doctorado en literatura norteamericana que tuve que aparcar porque en junio de 2002 empezó mi carrera docente. 

Vamos a hacer números: fueron veinte cursos estudiando. Y fueron veinte cursos de aprendizaje directo. Aprendizaje directo puro y (nunca mejor dicho) duro.

 

Uno de los problemas que observo en los docentes jóvenes que se incorporan a los centros es que, desgraciadamente, han seguido una hoja de ruta similar a la mía. Recuerdo mis años de universidad con mucho cariño, pero la desconexión que siguió a esta preparación académica con la realidad que encontré en el aula es brutal. Actualmente hay avances, es cierto, pero no soy capaz de apreciar cambio radical en la metodología de la enseñanza superior que ayude a innovar en las aulas de Primaria, Secundaria o Bachillerato.

 

En el fondo es una buena idea aprender a desaprender, soltar lastre y abrirse a nuevas experiencias y metodologías. Mi primer contacto como docente con el aprendizaje basado en proyectos se remonta al curso 2011-2012. Los primeros alumnos que abrieron el camino con la Eskola 2.0 (ordenadores portátiles y PDI en las aulas) acaban de llegar a Secundaria y tuve la suerte de ser el tutor de una de las aulas. En ese momento dejamos los libros de texto en casa y planteamos una serie de proyectos para trabajar en equipos. La experiencia, con los errores que implica desarrollar un plan por primera vez, fue inmensamente gratificante, tanto por parte de los alumnos y sus familias como por la mía. Ya no hay vuelta atrás. Adiós, aprendizaje directo; hola, aprendizaje basado en proyectos.

 

El aprendizaje directo, en mi opinión, tiene ventajas como estas:

 

  • Disponer de un libro de texto con su correspondiente guía docente. Después de asimilar los contenidos a impartir y planificar una secuenciación lógica y compensada se puede utilizar año tras año de forma solvente y fiable. 
  • El hecho de poder contar con tiempo para dedicar a la búsqueda o creación de material extra es importante y se agradece.
  • La cantidad de recursos que las editoriales ponen en nuestras manos es inabarcable. En mi caso, que me muevo en el ámbito lingüístico, en forma de lecturas comprensivas con sus respectivas pruebas de comprensión lectora, fichas ortográficas, apéndices gramaticales, audiciones (sobre todo en lengua extranjera...). He visto de todo: material excelente y otro muy poco intuitivo, pero en general el corpus de material complementario al libro de texto es aceptable y, sobre todo, útil.
  • El proceso de evaluación es un aspecto muy subjetivo y complejo. El aprendizaje directo se sostiene en unos criterios claros y sólidos, faltaría más, pero creo que los exámenes (o pruebas escritas) siguen teniendo un peso decisivo que, si bien no es el único parámetro a evaluar, condiciona mucho el resultado final.

En mi opinión, algunos de los inconvenientes del aprendizaje directo son:

 

  • El libro de texto. Nunca he tenido uno entre mis manos que me dejara satisfecho al cien por cien. De hecho, afirmo sin rubor que ninguno de los que he usado me ha hecho sentir cómodo en todo momento. Poco a poco, hasta 2011, han ido perdiendo protagonismo en mis clases.
  • Depender de las editoriales. En este aspecto he de decir que, a día de hoy, aún no han entendido el shock social que representa el mundo digital. No es algo que les pase solo a ellas. Un ejemplo claro es lo que está pasando en el mundo del periodismo, y más aún en la prensa escrita en papel. Es obvio que su modelo de negocio ha cambiado, pero su actitud hacia el cambio se hace de rogar porque es evidente que en este negocio se mueve mucho dinero. Durante años vivimos una paradoja increíble: las editoriales nos ayudaron a digitalizar nuestras aulas regalándonos PDI, ordenadores y proyectores a cambio de vendernos sus libros en papel. Inaudito.
  • La atención a la diversidad. No somos islas y las aulas son entidades muy complejas. El modelo tradicional se basa en la escucha, en la pasividad. Es evidente que un profesor no habla durante toda la sesión (¿o sí?), que los alumnos también tienen sus momentos, pero ¿de cuánto tiempo dispone cada alumno en una clase basada en el aprendizaje directo? ¿Cuál es su protagonismo? ¿Todos y cada uno de los alumnos pueden seguir el ritmo impuesto por el docente? ¿Están capacitados para hacerlo? ¿Trabajan en equipo? ¿Discuten, comparan y llegan a acuerdos? ¿Crean material o lo consumen?
  • El tratamiento de las competencias. Recuerdo el momento en que los Berritzegunes, que son los centros de formación del profesorado de Euskadi, se acercaron a los centros para explicar el concepto de educación por competencias. A mí me sonó a música celestial, pero me fue prácticamente imposible compaginar este intento de avance metodológico (que lo era) con el método de enseñanza tradicional. Quizás fui poco hábil, lo reconozco...
  • La poca utilidad que tienen las tareas para casa. Creo que no tiene sentido que los deberes sean una mera prolongación de lo hecho en clase, más aún si no nos ha dado tiempo de terminar ciertos contenidos. 

Considero que todos los aspectos negativos que encuentro en el aprendizaje directo son fortalezas en el aprendizaje basado en proyectos, pero además me gustaría remarcar algunas más:

 

  • El alumno como centro de la creación de contenidos. ¿Por qué no intentamos que nuestros alumnos se conviertan en creadores en lugar de consumidores?
  • Las TIC se convierten en un medio para la obtención de contenidos. Esto también puede obtenerse a través del aprendizaje directo, pero mi experiencia ha sido más satisfactoria a través de proyectos (#hotsakk, #streetreading, Folleto turístico de nuestra ciudad, periódico digital...) que con las clases convencionales.
  • El aprendizaje basado en proyectos ayuda a cohesionar las clases, refuerza los lazos afectivos de los alumnos y potencia sus valores.
  • El tratamiento de las competencias básicas se trabaja más en profundidad.
  • Es el único contexto en el que siento que los alumnos aprenden a aprender (lo que quizás les ayude a no tener que aprender a desaprender).
  • Fomenta el aprendizaje continuo del docente. Los proyectos están en revisión continua y crecen en la medida en que el profesor los hace evolucionar.
  • Permite las redes, virtuales y físicas, entre docentes. Es evidente que este aspecto también es posible en el aprendizaje directo, pero según mi experiencia el resultado no es tan gratificante.
  • El proceso de evaluación es más complejo y costoso, pero más justo, global y específico.

Me gustaría finalizar esta reflexión mencionando algunos aspectos que tenemos que tener en cuenta a la hora de trabajar con proyectos. No considero que sean aspectos negativos, pero sí entiendo que pueden ser los causantes de que algunos docentes se decanten por el aprendizaje directo. 

  • Trabajar por proyectos requiere una cantidad de trabajo mayor.
  • El reciclaje del docente debe ser continuo, sobre todo a nivel tecnológico.
  • Algunos docentes pueden verse cohibidos por no ser una metodología activa en el centro donde trabajan, es decir, se sienten como bichos raros.
  • Puede causar problemas con las familias, pues algunas aún valoran que se eduque a sus hijos tal y como ellas fueron educadas (de hecho, este aspecto también puede aplicarse a algunos docentes, que se sienten orgullosos de ser unos clásicos, unos románticos de la tiza).

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